Un oasis etíope en Madrid: visitamos el restaurante Nuria

Si alguna vez ha hablado con un etíope sobre la gastronomía de su país, en seguida comprobará que no puede dejar de decir maravillas sobre la misma. Sabrosa, mediterránea, especiada, variada… son sólo algunos de los adjetivos que oirá salir de su boca, y todos ellos son la pura verdad. La fama de la comida etíope es merecida y, si aún no la ha probado o siente nostalgia de los manjares que probó en su visita a Etiopía, hay un lugar en Madrid donde podrá deleitarse de nuevo: Nuria, el restaurante regentado por Ala Habib y Shemsia Yhaya cuya sede de la calle Malasaña visitamos hace unos días.

Tratándose de un martes por la noche, y en pleno julio, por poco cometemos la imprudencia de no reservar mesa, lo que nos hubiera dejado sin probar las exquisiteces que tuvimos ocasión de degustar. Una decena de mesas en una sala amplia, aunque sin excesos, componen el escenario de este restaurante atípico, cuyo éxito ha permitido a sus dueños abrir otro local en la capital, muy cerca de la Plaza de España.

El Nuria, abarrotado un martes por la noche.

El Nuria, abarrotado un martes por la noche.

El Nuria es un espacio cómodo, con distancia suficiente entre las mesas y sin demasiados adornos, como si quisiesen ahorrar a sus visitantes de distracciones innecesarias, centrando todo su esfuerzo en una atención exquisita, una materia de primera calidad y con productos etíopes importados y una cuidada elaboración siguiendo todos los pasos de la cocina tradicional etíope, de elaboración larga y compleja; una cocina que, como otras grandes cocinas del mundo, requiere de mucha paciencia, aunque os aseguramos que el resultado merece la pena.

Como uno de los comensales no conocía la comida etíope, optamos por pedir el menú degustación para tres personas, y no nos equivocamos. Para acompañar la comida, no podía faltar el tradicional tej o vino-miel artesanal, también denominado “hidromiel”, servido en las típicos bereles, recipientes de cristal con forma de jarrón redondo. Cuentan que, en la antigüedad, el tej, que al decir de algunos fue la primera bebida alcohólica de la historia de la humanidad, lo consumían las parejas de recién casados durante un ciclo lunar completo después de la noche de bodas, para conseguir un hijo varón, tradición de la que procede la expresión “luna de miel”.

Jarritas individuales de tej o hidromiel.

Jarritas individuales de tej o hidromiel.

Servido, por supuesto, con las tradicionales injeras (pronúnciese “ínyera” o “ínyara”), un pan finísimo con apariencia y textura de crepé elaborado a base de harina fermentada de teff, la presentación del menú es literalmente espectacular. A la mesa llega una enorme y colorida bandeja de mimbre que oculta los manjares que vamos a degustar, y que nos describen con tacto y paciencia: de entrantes sambusas de carne y vegetarianas y una torta con verduras llamada fatira, que acompañan a la degustación de Doro (uno de los platos estrella, elaborado a base de pollo estofado y salsa de pimiento rojo), Yebeg Alitcha (cordero estofado con una salsa suave), Key Wot (ternera estofada con salsa y berbere, una mezcla de especias elaborada a base de guindilla, jengibre, clavo, cilantro, pimienta de Jamaica, bayas de ruda y ajowan o comino de Etiopía), todo ello acompañado de arroz blanco.

Bandeja de mimbre tradicional.

Bandeja de mimbre tradicional.

Una advertencia para comensales despistados: la comida etíope utiliza muchas especias y algo de picante, aunque éste es siempre muy leve, sin que tenga nada que ver con los habituales sustos en restaurantes indios o mexicanos, por lo que es apta para cualquier tipo de paladares.

Menú degustación para tres personas.

Menú degustación para tres personas.

A pesar de que el restaurante provee de cubiertos a quien los solicita, optamos finalmente por comer a la manera etíope, utilizando tres dedos de nuestra mano derecha para agarrar la injera, con la que se atrapa la comida directamente de la bandeja, haciendo las veces de original cubierto.

Con la barriga hinchada y la sonrisa de “biencomidos” en los labios, declinamos con tristeza probar el café etíope (otra de las especialidades del país), pero prometemos regresar a conocer la tradicional ceremonia del café que el Nuria prepara con mimo respetando todo el ritual original, y que ya nos habían recomendado.

¿El resultado? Excelente: comida con materias primas de primera calidad y elaboración y resultados que nada tienen que envidiar a los restaurantes de Addis Abeba. Y todo a un precio asombrosamente asequible (aproximadamente 20€ por persona). Así que ya lo sabéis, si queréis degustar una auténtica comida tradicional etíope, el Nuria os recibirá con los brazos abiertos y su siempre convincente calidad.

¡Volveremos!

Antes de irnos, los dueños del local nos invitan a conocer su página web, donde hemos encontrado este simpático reportaje de RTVE sobre Ala Habib y Shemsia Yhaya y su restaurante, donde además podréis aprender a realizar una receta típica etíope y que os enlazamos aquí:

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