Viajar a Sudafrica: Drakensberg, las montañas del dragón

¿Quién podría imaginarse que en medio del África tropical, justo en el centro de Sudáfrica, descansa una de las más impresionantes cordilleras montañosas del mundo? Nada menos que 1.000 kilómetros de verdes y escarpados macizos montañosos que rodean por completo el pequeño país de Lesotho y que podrás disfrutar si decides viajar a Sudafrica.

Llamadas “Montañas del Dragón” por los primeros colonos holandeses, los zulúes se refieren a ellas como ukhahlamba o “barrera de lanzas”, y en verdad es tal el aspecto imponente que ofrece la cordillera a los ojos del visitante, una cadena montañosa cuyo pico más alto, el Thabana Ntlenyana, alcanza los nada desdeñables 3.482 metros de altura y que constituye el segundo destino natural preferido por quienes deciden viajar a Sudafrica.

A pesar de su aspecto amable desde la lejanía, y del verde paisaje más propio de la campiña inglesa que de estas latitudes, a medida que uno se acerca a la cordillera se percata de su apabullante inmensidad y de los múltiples peligros de abordar algunas de sus rutas sin contar con el equipo y la preparación adecuados. Valles angostos, riscos afilados y verdaderas paredes de piedra bautizadas con nombres como “la Catedral”, “el Anfiteatro” o “el Diente del Diablo” son sólo algunas de las sorpresas que encierran estas magnificas montañas. Sus grandes picos (el Mafadi, el Makoaneng, el Njesuthi), a pesar de estar carentes de glaciares, son, sin embargo, de más difícil acometida que nuestros pirineos debido a la extravagante forma que han adquirido con el tiempo, fruto de una estructura geológica única en el mundo causada por una antigua e inmensa erupción volcánica hace la friolera de 200 millones de años.

Las montañas del dragónMuchos son los secretos del Drakensberg: impresionantes cascadas y saltos de agua junto a magníficas vistas, siendo la más célebre la que ofrece el llamado Sani Pass, situado justo en el extremo sur de la sierra y que es, en realidad, el paso fronterizo más elevado del país. Por él se accede a Lesotho, el país de los zulúes, y antigua ruta de entrada y salida de los militantes y guerrilleros antiapartheid.

Ante las vistas de este imponente paisaje, uno comprende fácilmente cómo esta majestuosidad, la sensación de estar contemplando los restos de un mundo primigenio y casi virginal, inspirase a J.R.R. Tolkien para imaginar sus famosas Montañas Nubladas, la más grande cordillera del noroeste de la Tierra Media, refugio de la criatura Gollum y uno de los más evocadores paisajes de El Señor de los Anillos. Y no es para menos, pues aquí, en esta cordillera sudafricana se encuentran algunas de las más impresionantes maravillas naturales del mundo, como las cascadas de Tugela, segundo salto de agua más alto del mundo después del Salto del Ángel venezolano; o el Blyde River Canyon, tercero del mundo en longitud y que da acceso a la Ventana de Dios, desde donde se contempla una de las más impresionantes vistas de todo el África austral.

Las pinturas rupestres

Entre los misterios o maravillas escondidas en la cordillera, no podemos dejar de mencionar sus famosas y abundantes pinturas rupestre, fruto de la mano de los pueblos San, los habitantes primigenios del África Austral hasta la llegada de los más tardíos pueblos bantú (como los zulúes o los sotho). Todavía hoy se conservan inmensos frescos que reflejan la vida de estas comunidades, que resistieron estoicamente a la modernidad hasta bien entrado el siglo XIX refugiándose en las partes más inaccesibles de las montañas. Esta circunstancia hace de sus pinturas una rareza extraordinaria, pues el arte de los San refleja su historia desde el pasado más remoto hasta la llegada de los colonos, cuyos carros y fusiles forman parte también de los motivos pictóricos de sus frescos rupestres.

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